Dicho en blog

A veces la vida se nos vuelve inexplicablemente complicada. Ridiculamente enroscada. O quizá absurdamente risueña. Lo que sea, creo que es bueno compartirlo, comunicarlo. Nos cambia a nosotros al decirlo y quizá alguien se divierta o se conmueva al leerlo. Como sea, este es mi intento por ambas cosas.

sábado, febrero 24, 2007

Apariciones

¿Se han detenido a pensar en cuáles son los fantasmas que los acompañan a diario direccionando sus acciones desde las sombras? Yo no lo había hecho hasta hace un tiempo atrás, cuando descubrí cómo algunos miedos o sentimientos se filtraban sigilosamente entre intenciones, proyectos, esperanzas, opciones...haciendo que las elecciones sean siempre en su favor.
Muchas cosas quedaban entonces en el tintero de las posibilidades inconclusas, de los sueños que uno cree que sólo pueden cumplírsele a otros. Y todavía siguen quedando.
Lo importante es descubrir esos espectros internos. Arrancarlos de la sombras para ver por completo su fealdad, que es la nuestra.
Ellos albergan nuestro temor al rechazo, nuestro miedo al fracaso, o más que eso: Que no nos bancamos ser los mejores, ni los únicos, ni que no nos quieran, ni que nos ignoren, ni ser feos o no ser los más lindos, ni los más importantes. O quizá tratan de sostener a otras personas que amamos en un lugar inmerecido, merced a nuestro sacrificio.
Por otra parte todos tenemos en nuestro interior un pichón de Narciso, aquel junto al lago según la leyenda. Al mío lo bauticé como "Reina Sofía". Pero ella no es el única creadora de los fantasmas.
Es cierto: Reina Sofía necesita todo el tiempo buscar ser la más inteligente, la más linda, estudiar más, hacer más gimnasia, comer menos, comprarse más productos y ropa, eliminarse las arrugas, llamar la atención de todos todo el tiempo con la más estúpida actitud y que nunca alcance....pero es por algo! ¡Alguien le hizo creer hasta a Reina Sofía que no era suficiente!
Y ahí aparecen los fantasmas. Aquellos que el día que los descubrimos y logramos entenderlos comienzan a empequeñecer, a hacer menos travesuras. Y nosotros sin darnos cuenta comenzamos a cambiar, hablamos más pausado, tenemos más libertad, hacemos otras elecciones y un día quizá hasta dejemos algún vicio al que siempre volvíamos.
Tendremos que aprender a exorcizarnos de ellos porque hasta donde sé, esta es la única vida que me consta tener y es demasiado corta y bella como para entregársela a un fantasma.

Apariciones

¿Se han detenido a pensar en cuáles son los fantasmas que los acompañan a diario direccionando sus acciones desde las sombras? Yo no lo había hecho hasta hace un tiempo atrás, cuando descubrí cómo algunos miedos o sentimientos se filtraban sigilosamente entre intenciones, proyectos, esperanzas, opciones...haciendo que las elecciones sean siempre en su favor.
Muchas cosas quedaban entonces en el tintero de las posibilidades inconclusas, de los sueños que uno cree que sólo pueden cumplírsele a otros. Y todavía siguen quedando.
Lo importante es descubrir esos espectros internos. Arrancarlos de la sombras para ver por completo su fealdad, que es la nuestra.
Ellos albergan nuestro temor al rechazo, nuestro miedo al fracaso, o más que eso: Que no nos bancamos ser los mejores, ni los únicos, ni que no nos quieran, ni que nos ignoren, ni ser feos o no ser los más lindos, ni los más importantes. O quizá tratan de sostener a otras personas que amamos en un lugar inmerecido, merced a nuestro sacrificio.
Por otra parte todos tenemos en nuestro interior un pichón de Narciso, aquel junto al lago según la leyenda. Al mío lo bauticé como "Reina Sofía". Pero ella no es el única creadora de los fantasmas.
Es cierto: Reina Sofía necesita todo el tiempo buscar ser la más inteligente, la más linda, estudiar más, hacer más gimnasia, comer menos, comprarse más productos y ropa, eliminarse las arrugas, llamar la atención de todos todo el tiempo con la más estúpida actitud y que nunca alcance....pero es por algo! ¡Alguien le hizo creer hasta a Reina Sofía que no era suficiente!
Y ahí aparecen los fantasmas. Aquellos que el día que los descubrimos y logramos entenderlos comienzan a empequeñecer, a hacer menos travesuras. Y nosotros sin darnos cuenta comenzamos a cambiar, hablamos más pausado, tenemos más libertad, hacemos otras elecciones y un día quizá hasta dejemos algún vicio al que siempre volvíamos.
Tendremos que aprender a exorcizarnos de ellos porque hasta donde sé, esta es la única vida que me consta tener y es demasiado corta y bella como para entregársela a un fantasma.

lunes, octubre 30, 2006

La diferencia entre crecer y madurar


Estoy presa de la obsesión común del paso del tiempo, en esta época donde nadie tiene tiempo para nada. Pareciera que aunque la velocidad con que pasa es la misma, cada vez puedo observar menos su paso. Y entonces me espantan los cambios.
Hubo un momento donde sin darme cuenta dejé de crecer para comenzar a madurar. No recuerdo exactamente cuándo pasó, ni a qué se debió, pero es drástico darse cuenta.
Desde entonces la palabra "crecer" sólo la asocio con el talle de mis caderas y se que "madurar" viene asociado al color de las canas que oculto cada mes con una nueva tintura.
Hoy, después de haber hecho deporte; de haber hablado de hipotéticas cirugías y de recriminarme que no empiezo la dieta, me encontré frente al espejo pensando en el vertiginoso crecimiento de mi hijo y el reflejo me devolvió una revelación. Lo imaginé a él, grande, a mi lado. Y yo estaba...TERRIBLEMENTE GRANDE .
Me di cuenta entonces de cómo me miento y que es por miedo.
No sé ustedes, pero con muchas de mis amigas estamos convencidas que a los treinta estamos divinas si nos comparamos con cómo estaban nuestras madres o abuelas a la misma edad. Es cierto, nos vemos más jóvenes y está bárbaro. Lo triste es que ya nunca más podremos vernos "más jóvenes" y que después de un tiempo sencillamente no nos veremos jóvenes.
Hoy me vi en el espejo y supe que no me atrevo a imaginarme dentro de treinta años "más madura". Pero que va a suceder, a menos que antes acontezca otra desgracia.
Supe que aunque pague cada mes por mi jubilación para no sufrir una pesadilla, no puedo soñar con mi vejez. Y su llegada - para ustedes también, no se conmuevan por mi- va a ser inevitable, resistida e inaceptada.
Ustedes habrán dejado de crecer y comenzado a madurar cuando:
- Compraron la primer crema de contorno de ojos
- Pensaron que esa chica de 16 años que las llena de celos debe ser insoportable y por ende no atenta contra su pareja (aunque también ustedes sean insoportables)
- Comenzaron a alquilar más películas y a salir menos los fines de semana
- Se levantaron un domingo antes del mediodía
- Notaron lo grandes que están sus hijos
- Se acostumbraron a usar la crema de limpieza y la de día
- Dejaron la tintura negra para Hallowen
- No tiraron de las cintitas en el casamiento (Aunque hay honrosas excepciones)
- Los jeanes que compran son sólo los elastizados
- Postergan el primer día de playa hasta fines de diciembre o el 1° de enero
- Notaron que las vacaciones en Pirámides de la primer quincena de enero pasaron hace mucho tiempo y que pronto serán sus hijos los que comiencen a planificarlas
- No conocen a la mitad de los cantantes y canciones que se escuchan
- Van al boliche y no saben los pasitos de "Otra noche otra..."
- Dejaron de usar el talle 1 hace rato y entendieron que un 2, un 3 o más no están tan mal...
Después de un rato me tranquilicé. Supe que aunque el tiempo pase y la fuerza de la gravedad sea más fuerte que todas las rutinas de gimnasio, que aunque esté "grande" y/o "madura", la escencia será la misma: Conservo intacta esta boludez innata que se explicó en mi niñez, se trató de justificar en mi adolescencia y que tendré que disfrazar hasta que pueda ser calificada de senil.
Después de todo, llegar a viejo no puede ser tan grave. Lo importante no será cómo nos queden las canas y las arrugas, sino tener alguien con quien reirnos de eso.

martes, octubre 24, 2006

Amigos

Salimos a correr. Era una tarde espectacular, calurosa como muy ocasionalmente sucede últimamente acá en el sur y no había viento, lo que fue aún más insólito e hizo a la experiencia más agradable todavía.
Trotábamos a buen ritmo en dirección al mar, varios kilómetros. Aunque no se lo dije agradecí íntimamente esa propuesta que me hizo mi hombre, mi amigo, mi amor, esa persona que me conoce y me cuida tanto como para hacer el esfuerzo de transpirar y acalambrarse sólo para compartir algo conmigo cuando sabe que lo necesito.
Un compañero de ruta se nos sumó sorpresivamente en el camino. Nos acompañó todo el trayecto. Jugó conmigo en la costa. Volvimos los tres, corriendo. Y en el mismo punto en el que partimos, cuando no sabíamos cómo despedirnos, se fue sin reclamar nada, como para que no sintiéramos culpa.
Era un labrador, viejo, color chocolate, descuidado y callejero. Sí, un perro. En general, un hecho quizá intrascendente. Al día siguiente cuando cubría la noticia del hundimiento de un barco con siete tripulantes a bordo, el mismo perro que hasta horas antes era un desconocido, apareció en medio del grupo de familiares que angustiados esperaban noticias de sus seres queridos, presagiando lo peor.
Me hizo reflexionar y darme cuenta de lo importante de tener o haber tenido amigos en estos treinta años de camino, ángeles que a su manera están en momentos especiales de nuestra vida para brindarnos aunque más no sea una compañía y que se van sin pedir nada.
Pensé en todos los tipos de amigos que tuve o tengo: Los pocos, poquísimos, férreos de toda la vida. Los que nos acompañaron sólo en alguna época por compartir cosas comunes. Aquellos apenas conocidos que aparecieron en mi vida casualmente en varios momentos trascendentes, que me acompañaron desinteresadamente y se fueron sin reclamar nada. Y en aquellos que quizá no descubrí todavía. Y en lo importante que son todos para mi, incluyendo a estos últimos que representan la esperanza.

miércoles, octubre 18, 2006

Viciada


Se que me hace mal y que me hago mal con el, pero a veces, como ahora, es una dañina compañia que apacigua mi soledad y me recuerda a ella.
Estoy casi convencida que es una clara expresión íntima y tendenciosa, pero que trato de mantener acotada.
Lo enciendo con el fervor de la ansiedad y lo apago con el sabor de la culpa. Pero durante esos efímeros minutos me acompaña, me amarga la boca, me da calma, me intoxica. Cuando me lo prohíbo, lo extraño, aunque se que es mejor así. Sin embargo muchas veces volví derrotada y a pesar de largas pausas, finalmente nunca pude alejarme del todo.
Es extraño y al mismo tiempo obvio como funciona esta relación, al igual que con ella.
Termino de escribir estas líneas y apago este cigarrillo que me inspira sabiendo que aunque no lo diga, fumarlo es una manera de expresar cuánto la extraño, que me hace mal, que iría corriendo y volvería llorando, que la necesito pero me hiere y que al final, pese a lo largo de esta pausa que sostengo, no puedo resignar el vicio de acercarmele.

sábado, octubre 14, 2006

Hoy sólo pensamos en ella


Para las ideales

Para las que no lo son

Para las jóvenes

Para las mayores

Para las protectoras

Para las comprensivas

Para las gritonas

Para las prácticas

Para las confundidas

Para las miedosas

Para las seguras

Para las cariñosas

Para las indiferentes

Para las estructuradas

Para las creativas

Para las exigentes

Para las permisivas

Para las débiles

Para las fuertes

Para las que están siempre

Para las que no se cuentan

Para las biológicas

Para las adoptivas

Para las de sangre

Para las de crianza

Para las que ejercen siempre

Para las que no se hacen cargo

Para las que acompañan

Para las que estan ausentes

Para las que ya no están, pero viven en el recuerdo



En este día sólo pensaremos en ellas.

jueves, octubre 12, 2006

Soy pólvora mojada

Las personas solemos poner en marcha de manera inconsciente miles de modos de autodefensa, protección, corazas que generalmente utilizamos con gente de nuestros círculos íntimos, con quienes queremos y nos quieren...Pero sin embargo no podemos manejar nuestra vulnerabilidad con los que descaradamente nos joroban, nos perjudican a diario y nos saludan con un beso en la mejilla. Aquellos que luego de hablar mal de vos con tu máximo jefe te sonríen, se dan vuelta y continúan viendo cómo complicar más tu existencia. Aquellas amigas que asumieron junto a vos un compromiso que rompieron en dos segundos y que luego se victimizan. O quienes te olvidan por completo sin el menor inconveniente y luego te responsabilizan por ello: "Es que tenés un carácter que...no podía acercarme" Ja!
A las personas como yo estas situaciones nos enfurecen, luego nos paralizan y luego sólo nos direccionan a perjudicarnos más a nosotros mismos: Fumar, comer, enojarnos por cualquier cosa con la gente que amamos y que no tiene nada que ver.... y finalmente, si logramos sortear la tentación de cometer un arrebato que nos pondría en peor situación (renunciar al trabajo, pelearnos con un superior, insultar a un amigo...) nos quedamos mal.
Una furia contenida se nos desborda en el pecho y la autoestima comienza a hacer estragos. "¿Tan mal hago las cosas?" "¿Porqué no me quiere? ¡Si soy su....!!!" Los puntos pueden completarse con mil títulos de relaciones familiares o que creíamos afectivas.
Sin embargo sería mucho más sencillo aceptar que la gente es como es y que somos como somos.
Pero cuesta. Particularmente no puedo aceptar las cosas que no entiendo. Y son muchas.
No me creo inocente, ni buena al extremo como para decir que pongo la otra mejilla por convicción. Simplemente no puedo poner un límite a lo que me daña y como no puedo, termino ayudándolos....y solamente me permito cometer pequeñas maldades para expresarme, que quedan en mi recuerdo como absurdas venganzas.
Por ejemplo si la que me perjudicó es una coqueta mujer perfumada puedo arriesgar a decir a su lado: - Mh... ¿Tienen hormigas acá? Hay un olor terrible a insecticida! O dejar al descubierto el bajo nivel de valores e intelecto de quien nos perjudica en un diálogo tan sutil que generalmente el otro ni siquiera se entera.
Esos pequeños y excepcionales placeres me dan una diminuta satisfacción momentánea que nadie más que yo percibe y mientras mis "víctimas" continúan sin ningún obstáculo jodiendo la vida de los demás.
Es todo lo que he logrado en 30 años de enojos. ¿Cuántos más se necesitan para aprender?

martes, octubre 10, 2006

Necesitamos creer

Soy una convencida que el destino de cada uno lo construimos con esfuerzo, que depende exclusivamente de nosotros; que si hacemos las cosas bien, obtendremos logros; que cosechamos lo que sembramos...Pero cuánto pesa esta teoría cuando todo falla. Ahí es cuando perdemos la razón, recuperamos la fé y a veces nos entregamos a las más ridículas locuras.
Yo por las dudas a veces rezo, porque cuando pese a todo nada sale, necesito creer que no todo depende de mí, que hay cosas que pasan no porque me equivoque, sino porque quizá así sea mejor. Que alguien, llamado Dios; o algo, llamado destino predeterminado, también existen. Si no estaríamos tan solos..y tan... pero tan cansados como para seguir intentando....Y tan culpables, o tan engreídos...
Entonces vivo a diario con esta ambiguedad y para no dar tregua a la desgracia, rezo y me esfuerzo. Pero lo que tiene que pasar, pasa.
Es ahí, cuando todo lo que no quiero sigue pasando inexplicablemente, que me empiezo a aferrar a otras creencias cada vez menos creíbles. Entran en juego las supersticiones, la energía, las maldiciones, la metafísica y finalmente el siempre sólido e infalible consuelo de "por algo pasan las cosas, ya entenderé cuando esté mejor".
Con la incorporación de internet a nuestras vidas todos lo hemos internalizado: "Pasa esta cadena a diez personas en diez minutos y tu sueño se hará realidad. O si no, sucederá lo contrario". Nadie cree, pero por las dudas todos lo hacemos.
A decir verdad fui creativa en este tema desde mi infancia con una serie de apuestas internas con las que intentaba adivinar lo que iba a pasar o al menos prepararme para la alegría o el fracaso: "Si el semáforo se pone en rojo antes de tres, es que no me quiere"; "Si llego a la esquina antes de cincuenta va a salir todo bien"...."Si salto sin equivocarme en el elástico y llego a la última prueba es que me van a dar permiso" y así miles.
A pesar de los semáforos en rojo y de que en la mayoría de los casos al momento de resolver las cosas ni me acordaba lo que había resultado de esa apuesta conmigo misma, muchas de ellas, aunque se rían, todavía las practico como un viejo vicio que puede cambiarme el humor drásticamente mientras los demás no entienden qué me pasa: "Si antes que cuente diez me llega el mensaje de texto de él, va a estar todo bien".
Algunas también las agiorne y me ayudan a decidir, por ejemplo la del semáforo: "Si cuando cambia es mi turno de avanzar, voy".
La verdad es que nunca me hubiese atrevido a contarlas por miedo a ser tildada de loca. Pero hace unos meses leí a Alejandro Dolina poniendo casi los mismos ejemplos en uno de sus libros. Claro, el puede excusarse en que son ensayos fantásticos, creativos, productos de la imaginación y la brillantez. Lo mío es real y triste. Pero como en algo hay que creer, prefiero creer que si se le ocurrieron es porque alguna vez lo hizo. Y que si estoy loca, al menos no estoy sola.
¿Y ustedes que creen?